En mi eterna obsesión con las realidades alternativas, a veces fantaseo con una en la que Alfonso Cuarón ha dirigido todas las películas de la saga Harry Potter. Cada año, mi primo y yo hacemos una maratón (flexible) de la saga y la única película que jamás nos saltamos es Harry Potter y el prisionero de Azkaban.
El visionado de la tercera entrega transcurre siempre entre suspiros varios alternados con intercambios como "qué pasada", "recuerdo morirme de miedo en el cine con esta escena", "¿te has fijado en el cambio de estación ahora?" y "esta escena es muy de serie B". Y nos quedamos tan a gusto, reaccionando ante cada maravilla que ofrece la película como si la estuviéramos viendo por primera vez, e incluso descubriendo siempre nuevos detalles y matices; cosas en las que, de pequeños, nunca nos habríamos fijado.
Devil is in the details...
Empecemos con uno de mis detalles favoritos: el cambio de estaciones. La primera vez que reparé en que Cuarón se tomaba el tiempo para marcar con sutilidad el paso de los meses a través del sauce boxeador, la película se transformó ante mis ojos, y nunca he vuelto a verla de la misma forma. Contar una historia es básico, pero, ¿hacer prioritaria la búsqueda de matices que la enriquezcan? Eso es llevar la historia a otro nivel, y es precisamente lo que Cuarón hace con estas secuencias.
Otoño, bitches!
Invierno güeno
Primavera trompetera
Harry Potter parece, por fin, Harry Potter
Parece una nimiedad, pero no lo es. El pelo de Harry es una marca característica de la que se nos habla desde el primer libro; casi como si estuviera embrujado y creciera más rápido de lo normal. Si no me creéis, preguntadle a cualquier potterhead qué cosas jamás perdonará a las películas y seguramente os dará una lista muy parecida a esta:
- El vestido de Hermione es azul, no rosa.
- Harry no tiene los ojos de su madre porque los ojos de Lily eran verdes.
- "¡¿Harry, pusiste tu nombre en el cáliz de fuego?! - gritó Dumbledore" debería haber sido como en los libros: "Harry, ¿pusiste tu nombre en el cáliz de fuego? - preguntó Dumbledore con calma".
- El pelo de Harry es desaliñado, abundante y crece en todas direcciones.
Harry está hasta guapete con su pelo rebelde, y lo sabe
Un rollito muy de serie B
La película brilla cada vez que vira hacia el cine de terror. Cuarón aprovecha la trama de Lupin y su licantropía y la de los dementores para marcarse unas escenas alucinantes, y a menudo lo consigue empleando la técnica de la cámara en mano, una seña característica de esta película y que no volvemos a ver en el resto de la saga. Ejemplos de ello son la escena de los dementores en el tren, la del boggart en clase de Defensa contra las Artes Oscuras, y la primera vez que vemos transformarse a Lupin:
Mezcla con acierto y buen pulso toques de drama y de comedia
Si bien es cierto que todos los libros comparten una buena dosis de elementos lúgubres y escalofriantes, la escritura de Rowling aligera bastante la carga al intercalar sabiamente partes más ligeras e incluso cómicas. Desafortunadamente, no puede decirse lo mismo de todas las películas; concretamente, de las últimas.
Cuanto más vuelvo a ver la saga, más evidente se me hace que sólo las cuatro primeras resultan verdaderamente entretenidas y amenas. El prisionero de Azkaban, sin llegar a la diversión que consigue El cáliz de fuego, alterna con acierto oscuridad y luz, en muchas ocasiones gracias a Ron (que siempre salva el día de volverse totalmente deprimente) pero también a través, una vez más, de la detallista construcción del mundo mágico. Un ejemplo de ello es la magnífica representación del Autobús Noctámbulo, el Mapa del Merodeador o la escena en que Harry infla a tía Marge.
Cuanto más vuelvo a ver la saga, más evidente se me hace que sólo las cuatro primeras resultan verdaderamente entretenidas y amenas. El prisionero de Azkaban, sin llegar a la diversión que consigue El cáliz de fuego, alterna con acierto oscuridad y luz, en muchas ocasiones gracias a Ron (que siempre salva el día de volverse totalmente deprimente) pero también a través, una vez más, de la detallista construcción del mundo mágico. Un ejemplo de ello es la magnífica representación del Autobús Noctámbulo, el Mapa del Merodeador o la escena en que Harry infla a tía Marge.
Bonus
Cuarón es un auténtico mago del detalle. A nadie más se le ocurriría plantar a un mago leyendo un libro muggle en el Caldero Chorreante; y no cualquier libro, no, sino la Breve historia del tiempo de Stephen Hawking. Para colmo, puede hacer magia con la mano. En serio, Internet lleva años preguntándose quién es este tío.
Cuenta la leyenda...
Algo merece ser dicho en cuanto a la representación del trío de oro en esta película. Es el año del CAMBIO: la pubertad ha entrado en sus vidas, y se nota. ¿Cómo se las ingenió Cuarón para dirigir tan bien a Radcliffe, Watson y Grint, os preguntaréis? Al parecer, antes de empezar a filmar, les pidió a cada uno que escribieran una breve redacción sobre sus personajes. El resultado fue, como poco, mágico: fieles a sus personajes, Emma le entregó un ensayo de 16 páginas, Daniel de una y Rupert nunca entregó el suyo.
Siempre hay un pero...
En realidad, más de uno. Ese mundo mágico que Cuarón construyó (y enriqueció) y que yo tanto alabo, fue recibido con duras críticas por parte de algunos fans, ya que introdujo bastantes cambios que perjudicaron la continuidad respecto a las dos primeras entregas de la saga. Los dos futuros directores aceptaron la mayoría de ellos, por cierto.
Pero el mayor pero, y el único que yo le achaco, es el del popularmente conocido como "el chico ominoso", que aparece en la película solamente para dar noticias de mal agüero. Espero que no me acribille nadie, porque adoro a Cuarón y su película, pero no se me ocurre ningún argumento que rebata mi sensación de que esto es un pelín racista.
I don't normally talk, but when I do is to say something spooky.
En cualquier caso, yo sólo espero que si algún día les da por hacer un remake de la saga sea en formato serie, de la HBO y producida y dirigida por Alfonso Cuarón. De sueños también se vive.









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